Las uvas de Tempranillo se recolectan manualmente y se someten a una cuidadosa selección antes de ser despalilladas y encubadas en depósitos de acero inoxidable. Se realiza una fermentación en frío para extraer progresivamente color y aromas frutales de los hollejos, evitando la obtención de taninos amargos.
La maceración se prolonga durante 15 días, con un remontado diario y otras técnicas de vinificación que garantizan un óptimo contacto entre las fracciones sólida y líquida. Tras la fermentación maloláctica, únicamente el vino yema se trasiega a barricas de roble (70% francés y 30% americano), donde envejece durante al menos nueve meses.



