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Almaroja, nueva bodega que llega desde Arribes

En 2019 estamos trabajando para introducir nuevas bodegas que sorprendan a nuestros amigos de DEVINS. En esta ocasión viajamos hasta Arribes del Duero. Con una apuesta por la viticultura ecológica con algunos aspectos de la biodinámica. Seguro que os seduce conocer este proyecto que dirige Charlotte Allen desde el 2007.

La bodega Almaroja

La bodega Almaroja fue fundada en el año 2007 por la inglesa Charlotte Allen, después de una larga carrera en el mundo del vino, primero en Inglaterra como importadora y luego trabajando en diversas bodegas por todo el mundo. Sin embargo fue en Francia que esta joven emprendedora decidió quedarse, y después de una temporada en Burdeos, se instaló en el Ródano, dónde estudió enología y viticultura.

Siguiendo la recomendación de su amigo, el bodeguero Didier Belondrade, conoció por primera vez los Arribes del Duero en 2006. Fue una visita que le cambiaría la vida radicalmente. Reconociendo instintivamente las posibilidades de la zona, se dio cuenta que aquí podría hacer un gran vino de calidad. El año siguiente empezó a juntar pequeñas parcelas de viñedo y se instaló en una antigua bodega subterránea en el conjunto histórico de Fermoselle.

Hoy la empresa cuenta con 8,5 Ha de viñedo (de lo cual la mayoría tiene más de 80 años) y 500 olivos, abarcando 34 parcelas distintas entre 550 y 800 m de altitud. La tierra granítica de la zona es arenosa y muy pobre, condiciones ideales para el cultivo de la vid y del olivo. Cada aspecto de la producción de los vinos está controlado por Charlotte, desde la uva hasta la botella.

Los viñedos son 100% ecológicos (certificados) incorporando también aspectos la agricultura biodinámica. La mayoría del trabajo del año transcurre en el viñedo, entonces el trabajo de la bodega se reduce al mínimo. Las prácticas de extracción y el uso de la madera nueva se hacen con cuidado para que los vinos expresen al máximo su terruño y que se caractericen por su elegancia y su mineralidad.

Desde la denominación de origen Arribes

En 1988 se realizan los primeros contactos con la Administración para obtener la Denominación de Origen. Habría que esperar diez años, hasta el 24 de septiembre de 1998, para que fuera otorgado el calificativo “Vino de la Tierra de Arribes del Duero”. Esta Asociación, tras años de esfuerzo, unificaba así dos zonas de tradición vitivinícola localizadas entre Zamora y Salamanca, y vinculadas geográficamente por el recorrido fluvial del magnánimo Duero.

El 27 de julio de 2007 se obtiene la Denominación de Origen Arribes. Este marchamo de Calidad viene a reconocer la tradición vitivinícola de la comarca, y ello supone la valoración de variedades autóctonas minoritarias y la reactivación de una zona cuya población sigue manteniendo la ilusión por el cultivo de esos viñedos arraigados en bancales, legado histórico de sus antepasados.

La contraetiqueta “Denominación de Origen Arribes” certifica el origen y cumplimiento de la normativa exigida por la Junta de Castilla y León, asegurando la calidad desde la uva hasta el vino embotellado.

Un clima lluvioso a la ribera del Duero

En este territorio, cuando hablamos de su clima conviene primero situar el entorno climático multiprovincial (Zamora y Salamanca) en el que se encuentra, relacionándolo a la vez con el clima general de la Meseta del Duero, para así, poder situar perfectamente este microclima arribeño, de parámetros tan singularizados.

Los rasgos climáticos de Arribes del Duero son muy característicos, y constituyen uno de los principales criterios definidores de este espacio, donde el clima presenta notables diferencias respecto al del resto de la región. El régimen pluviométrico es relativamente elevado, cuyo índice anual se sitúa por encima de los 700 mm; debido a la localización de esta comarca en el extremo más occidental de la Cuenca del Duero. A su vez el relieve determina grandes diferencias térmicas. De manera que en la penillanura el régimen térmico es semejante al del resto de la cuenca, con inviernos fríos y largos; veranos cortos y calurosos; mientras en los valles de los ríos, el arribe o las arribas, se alcanzan temperaturas considerablemente elevadas, que superan en unos 5º C, a las de la penillanura; resultando los inviernos más cortos, y por el contrario los veranos se prolongan más. En los encajados cañones, no se conocen las heladas y la temperatura media de enero es de unos 9º C; siendo la de agosto de unos 26º C.

Lo que posibilita el surgimiento de un paisaje agrario claramente diferenciado, que ha permitido un desarrollo más seguro y estable del viñedo; en un espacio caracterizado en términos generales, por sus grandes desniveles y abundantes laderas, sin llegar a constituir una zona montañosa propiamente dicha. Las condiciones climáticas durante el periodo de reposo invernal de la vid no son determinantes, por lo que los inviernos algo más suaves en la comarca no añaden ninguna ventaja; en tanto que si lo hace durante la primavera, momento que aquí se manifiesta más tempranamente, favoreciendo a la vid, ya que recibe a tiempo un buen nivel de lluvias que la planta aprovecha conveniente tras una poda temprana (poda larga o prepoda).

Los drenajes del suelo son convenientes y muy adecuados, tanto por la inclinación del terreno como por las obras de canalización para evacuar ordenadamente los excedentes hídricos, diseñadas desde antiguo. La incidencia de las heladas está muy amortiguada por la configuración orográfica de la comarca, y las heladas tardías son casi desconocidas. Una vez descrito y valorado el clima arribeño, y teniendo en cuenta que la vid lleva milenios en la zona, se puede concluir que este espacio agrario responde plenamente y en las mejores condiciones posibles a las exigencias de la viña, que además, como se sabe tiene una gran capacidad de adaptación a diferentes ecosistemas, pero, que es en un clima de características mediterráneas, como las definidas, donde el viñedo encuentra realmente condiciones inmejorables para desarrollar perfectamente su ciclo vegetativo. Por lo que este cultivo debe ser apoyado e incentivado, y más teniendo en cuenta que las alternativas al viñedo son prácticamente nulas.

Un suelo proclive a vinos de alta calidad

Podemos comenzar por enunciar el suelo natural, como la formación de estructura dúctil y espesor variable, que resulta de manera natural de la transformación de la roca madre subyacente, bajo la influencia de diversos factores físicos, químicos y biológicos, sin intervención del hombre. El tipo de suelo evidentemente depende de la roca madre, pero sobre todo de la naturaleza de las transformaciones que ésta sufre, muy variable según las condiciones climáticas y la vegetación.

En Arribes del Duero, la roca madre desde un punto de vista geológico forma parte del Zócalo Paleozoico o Macizo Antiguo, constituido en este caso por rocas ígneas (graníticas), como materiales mayoritarios, aunque también existen rocas sedimentarias metamorfizadas, principalmente pizarras. Esta circunstancia de partida, unida a lo accidentado del relieve, con pendientes comprendidas entre el 10 y el 30 %, con montículos de laderas muy variables, que en algunos lugares llegan a ser muy pronunciadas, hace que el suelo sea la consecuencia de ostensibles y acusados rasgos del efecto de la erosión; por lo que se encuentran suelos de cierta variación; aunque en general de poco fondo, unos 30 centímetros de media, sobrepasando en algo esta medida cuando se asientan sobre pizarras.

Cuando se habla de pizarras en esta comarca, realmente se trata de una especie de granito laminar de carácter muy deleznable, que se presenta en estratos inclinados, que retienen y regulan muy bien la humedad, por lo que sobre estos suelos se pueden alcanzar profundidades y espesores muchas veces superiores a los dos metros, vegetando muy bien sobre ellos la vid y otras plantas leñosas.

El suelo que vamos a llamar agrícola, es el resultante de la transformación que del suelo natural hace el hombre, mediante la aplicación de técnicas de laboreo. Pero las raíces a menudo penetran por debajo de la capa laborable trabajada, a una profundidad de varios metros, y esas zonas profundas intervienen también en la producción agrícola, y muy fundamentalmente en la vitícola. Pero para el aprovechamiento de estos suelos, en las laderas y valles de los ríos de este espacio, de relieve a veces excesivo, con pendientes muy pronunciadas que, en algunos casos se aproximan a la verticalidad ha sido previamente necesario el gran esfuerzo de construir bancales (que aquí llaman paredones), para poder retener en ellos unos suelos de textura limo-arenosa, a veces con intervalos franco-limosos, de abundante pedregosidad.

Por lo común estos suelos ofrecen un aspecto o coloración pardo-amarillo claro. Químicamente son terrenos pobres en cal, y de naturaleza ácida con un pH, que oscila entre un 5 y 6. El componente en materia orgánica es escaso (de un 1.5 a un 3%). Estos suelos son también pobres en elementos y oligoelementos esenciales, aunque una vez subsanados resultan idóneos para el aprovechamiento agrícola de estas partes del terrazgo, sobre el que se encuentran plantados viñedos, olivos y frutales, contribuyendo además con la penetración de sus raíces en el suelo y subsuelo a la contención de las laderas.

Puede afirmarse que son una solución a estos suelos raquíticos y en pendiente, que difícilmente pueden servir para otra cosa; aunque en la actualidad buena parte de estos campos, sobre todo los de accesos más complicados están total o parcialmente abandonados. Así pues los materiales mayoritarios de estos suelos tanto en el arribe como en la penillanura, son producto de la descomposición de las rocas graníticas, aunque también existen importantes franjas con descomposición de rocas metamórficas y sedimentarias metamorfizadas, junto con algunos depósitos detríticos del cuaternario, arenas y arcillas, formados precisamente por la alteración de las rocas graníticas y de otros tipos constituyentes de la unidad.

Los vinos de una reserva de la Biosfera

El parque natural de Arribes del Duero es un espacio natural protegido del oeste español y más concretamente del noroeste de la provincia de Salamanca y el sudoeste de la provincia de Zamora, en la comunidad autónoma de Castilla y León, junto a la frontera portuguesa.

Arribes, arribas y arribanzos son los vocablos leoneses utilizados para denominar la geomorfología que presentan los ríos Águeda, Duero, Esla, Huebra, Tormes y Uces en este territorio. Ésta se caracteriza por una zona de depresión o de altitud más baja y otra de penillanura o de altitud más elevada, siendo las arribes las pendientes escarpadas que se sitúan a ambos lados de estos ríos. En casi toda la zona protegida, los encajonamientos de los cursos fluviales de los ríos Duero y Águeda hacen de frontera natural entre España y Portugal. La Junta de Castilla y León incorporó este territorio a su red de parques naturales el 11 de abril de 2002.1 El Gobierno portugués hizo lo mismo con su parte algo antes, el 11 de mayo de 1998, bajo el nombre de parque natural del Duero Internacional.

El 9 de junio de 2015 los dos parques son declarados reserva de la biosfera transfronteriza por la Unesco bajo la denominación de Meseta Ibérica, junto a otras varias zonas protegidas españolas y portuguesas, así como distintos espacios de la Red Natura 2000. Los grandes desniveles su orografía, el alto caudal del Duero y los numerosos ríos que en él desembocan, convierten a esta zona en uno de los puntos de mayor potencial hidroeléctrico de toda la península ibérica. Por ello, se fueron construyendo una red de presas y embalses conocida como Saltos del Duero. Su peculiaridad orográfica es además la razón de la existencia de un inusual microclima mediterráneo que contribuye a la diversidad vegetal y convierte al parque en un lugar idóneo para el refugio de la fauna salvaje, especialmente para las aves.

Las profundas incisiones de los ríos Duero y Águeda que sirven de frontera natural entre España y Portugal, dividen una zona de idénticas características entre ambos países. El Duero y sus afluentes son el elemento común y nexo de unión de todo un territorio que se extiende linealmente a lo largo de más de 120 km. El Duero es internacional desde la presa de Castro hasta Barca d'Alva. En este lugar se le une el río Águeda, que es internacional desde esta aldea hasta el lugar donde se le une el río Turones, cerca de La Bouza. La parte española, declarada Parque Natural de Arribes del Duero, se extiende sobre una superficie de 106.105 hectáreas mientras que la parte portuguesa, declarada Parque natural del Duero Internacional, se extiende sobre una superficie de 85.150 hectáreas. Los dos parques suman una superficie de 191.255 hectáreas, lo que convierte a esta zona en una de las áreas protegidas más grandes de Europa.

Su ubicación fronteriza, alejada de los grandes núcleos de población y con escasas infraestructuras, ha propiciado un continuo proceso de despoblación de sus pueblos aunque también ha permitido la conservación de un amplio patrimonio histórico, cultural y natural, entre el que destacan sus numerosas costumbres y tradiciones. En los últimos años, con la creación del parque natural, han llegado algunas iniciativas inversoras relacionadas con el turismo y el comercio minorista transfronterizo. Esta circunstancia ha evidenciado que sea necesario preservar y potenciar su hábitat natural, su patrimonio y sus tradiciones socioculturales, principales propulsores de su economía.

Arribes, arribas y arribanzos, son vocablos en lengua leonesa, con derivación etimológica del latín «ad ripa-ae», que significa a la orilla. Arribas, en su forma femenina «las arribas» era usado en las comarcas de Sayago, Aliste y La Ribera, así como en la zona colindante portuguesa, para referirse a las depresiones geográficas del Duero, el Esla, el Huebra, el Tormes y el Uces. Para los zamoranos existía además el término «arribanzo», algo más conciso, con el que se referían a los enormes roquedos o gigantescas rocas graníticas que forman los valles. Posteriormente, Arribes, en su forma femenina «las arribes» comenzó a usarse por los naturales de la comarca salmantina de La Ribera para referirse a la misma geomorfología. Entre los habitantes de algunos pueblos de la comarca salmantina de La Ramajería también son conocidos como "Los Farallones".

¿No te parece un marco incomparable para producir buenos vinos? Os invitamos a conocer mejor los vinos de la Bodegas Almaroja, una novedad entre nuestras bodegas con encanto en DEVINS.

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